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¿Qué nos está pasando?

  • jueves 12 de noviembre de 2015

Esta semana tenemos un invitado muy apreciado en esta casa. Él es Xavier Muñoz G-M. Es psicólogo, formador y divulgador. Durante muchos se dedicó a asesorar a directivos y empresarios y dirigó el CEC (Centro de Estudios de la Conducta), centro de psicología clínica e industrial, y CARE (Centro de Alto Rendimiento Empresarial) con sedes en Sabadell y Barcelona. Sin embargo, en el año 2002 su vida dio un vuelco. 

A causa del cáncer de su esposa, en el 2002 dejó prácticamente la profesiónal para quedarse a su lado y acompañarla plenamente hasta el día de su fallecimiento, proceso que duró dos años y medio y que generó un profundo cambio y replanteamiento de valores en su vida. Desde entonces se ha dedicado casi en exclusiva a las tareas propias de apoyo, seguimiento y refuerzo terapéutico en el proceso de duelo, así como conferenciante, articulista y director de talleres en diversas zonas de España, tratando acerca de la vida y la muerte con personal médico y público en general. Además, es colaborador del Servei de Suport al Dol de Ponent en Lleida. Si os interesa saber más de él, podéis visitar su página www.sentirlavida.com

 

Hace pocos días tuve el privilegio de participar en las mesas de trabajo preparatorias de la 3ª Jornada del Consejo Consultivo de Pacientes, organizada por la Consejería de Salud del Gobierno de la Generalitat de Cataluña. Una iniciativa interesantísima en la que se preparan los protocolos y estrategias a seguir en los centros médicos y hospitalarios de Cataluña hasta el 2020, recogiendo, valorando y atendiendo la voz de todas las asociaciones de pacientes, en búsqueda de más calidad y humanidad en todos los servicios.

Allí estaban representadas asociaciones surgidas de la necesidad por parte de pacientes y familiares afectados de casi todas las enfermedades graves conocidas. Esto permitía tener delante un amplio espectro de sugerencias, demandas y propuestas que a buen seguro ayudarán una barbaridad a mejorar nuestro sistema sanitario, así como a la investigación pero, curiosamente, eché en falta un sector muy importante y numeroso que no disponía de representación alguna: el de las personas que afrontan un diagnóstico terminal, seres a quienes se les ha dicho que su vida ha terminado y a quienes sólo queda esperar el momento del desenlace, intentando afrontar esa situación tan trascendente en la que todo se desestructura y uno se halla ante una batalla consigo mismo inimaginablemente dura, compleja e inevitable.

Tanto el tema de cuidados paliativos, como el del apoyo al duelo parecían fuera de programa, no por falta de interés, sino por lo que suele pasar tan a menudo y que, en definitiva, no es otra cosa que la necesidad de humanizarnos un poco más. Insistí en ello y creo que por poco que se consiga ya habrá sido un gran paso.

Miramos con demasiada frecuencia la muerte como un fracaso, nos hemos especializado tanto en el estudio de laboratorio que el no tener un remedio para una enfermedad en especial no suele gustar al ego, y le damos la espalda sin pensar que inevitablemente todos vamos a pasar por ello. Necesitamos humanizar la sanidad, entre otras muchas cosas en la vida, porque no se trata de evitar la muerte a toda costa, sino de conocer la Vida en mayúsculas, ayudando a que ésta se desarrolle cada vez más confortablemente, pero recordando que nuestra esencia es finita, y que en algún momento todos nosotros vamos a necesitar de unos cuidados exquisitos mientras nos enfrentamos al paso más importante de nuestra vida.


A todo esto llego a casa y, encendiendo el televisor para ponerme al día de las “noticias” del día, quedo estupefacto. Imágenes impactantes de ese ingente número de personas pidiendo que les permitan entrar a Europa, sin conseguir ni un solo guiño por parte de la policía y soldados allí instalados, protegiendo nuestras fronteras… Familias enteras pidiendo asilo en las condiciones más inhumanas posibles, habiéndolo dejado todo y soportando la lluvia, el barro, el frío, el hambre y la muerte ante nuestra más total indiferencia. ¿Qué nos está pasando?, ¿nosotros presumimos de avanzados?, ¿cómo podemos pasar de esa forma de nuestros propios hermanos?


Al poco rato salía un anuncio en el que se hablaba de los miles de niños que, a diario, mueren de hambre en el planeta y, con toda la naturalidad del mundo, a este le seguía otro de un producto de belleza para rejuvenecer la piel, otro de una “sofisticada” colonia,… ¿En qué nos estamos convirtiendo?, ¿cómo podemos cenar tranquilamente después, o mientras miramos esas noticias, cual si nos hubiéramos vuelto inmunes e insensibles ante el dolor ajeno?

 

Pero podemos quedarnos tranquilos, eurodiputados y ministros de asuntos exteriores aseguran que son conscientes de ese drama humano, y que para ello van a reunirse la próxima semana… ¿Olvidaron que esas personas necesitan a diario comida, agua, cama, ropa de abrigo y, quizás lo más importante, saberse y sentirse amados por sus semejantes? ¿Por qué primero no les damos acogida calurosa y luego nos sentamos a hablar de cómo solucionamos ese problema?, ¿en manos de qué gente dejamos la responsabilidad de representarnos y tomar decisiones?


Y todo ello dando entrada a un programa que hablaba de los cientos de casos de corrupción que asolan a nuestro país. Políticos, empresarios, chorizos de guante blanco, para quienes los millones parecen cifras de risa al alcance de cualquiera, mientras abogados, jueces y fiscales juegan a algo que empezamos a no comprender. Lentos con unos y con penas a veces incomprensibles, cuando no resulta que el delito está sobreseído…, y a la vez implacables con esas pobres familias que no pueden hacer frente al pago de su hipoteca. Unos siguen con sus vacaciones de lujo mientras que los otros terminan en la calle, sin más opción que los comedores sociales y con sus hijos sin tres comidas al día…


Tengo amigos y conocidos que en su momento crearon una empresa. Dieron trabajo a varias familias, sueldos y trato dignos a sus trabajadores, cumpliendo siempre con todos sus pagos, e incluso dejando de cobrar antes de quitárselo a cualquiera de sus empleados. Colaboraron en el crecimiento de nuestro país durante mucho tiempo, pero vino la crisis y hoy muchos han perdido todo lo que tenían, quedando sin trabajo casi en un abrir y cerrar de ojos. ¿Su problema?, quizás no haber entendido las reglas de juego, porque si una empresa se endeuda acaba pagando con todo lo que tiene, excepto si tu empresa se llama banco o caja de ahorros, porque entonces parece ser que las condiciones suyas son inmunes a cualquier concepto que suene a pérdida. Algo que ignoraba es que todos éramos accionistas, por igual, aunque no tuviéramos cuenta corriente en estas entidades, pero accionistas exclusivamente ante las pérdidas, pues si esas empresas quiebran, toca pagar su deuda de nuestro bolsillo, e incluso vaciando las arcas del estado. ¿Qué parte del juego no entendimos?


A todo esto parece que lo único que verdaderamente importa es quién ganará la liga o si el toreo ha de ser incluido como salida del nuevo plan de estudios de FP… Vivimos en un país lleno de diferencias enriquecedoras. Lenguas, costumbres, productos, paisajes, culturas distintas que, sumados, nos dan una identidad de una belleza inimaginable, pero no hay forma de oír a esos políticos, para quienes lo único importante parece ser ganar votos al precio que sea, hablar ni creer de verdad en esa enorme riqueza. En plena crisis, cuando todos nos necesitamos más que nunca, se levantan banderas para boicotear productos de una zona u otra del país, enfrentando en vez de unir, sin ningún complejo ni pudor…

Pero en medio de tanta suciedad existe una gente encantadora que sigue trabajando en pro de los demás, dejándose la piel para mejorar esa sociedad en la que vivimos. Personas anónimas, y no tan anónimas, cuyo lema es la honradez y humanidad, gentes capaces de echar una mano dentro y fuera de las instituciones, entregándose en cuerpo y alma a sus semejantes, intentando ayudar en lo que pueden y saben. Hablamos de voluntarios, especialistas, políticos que, con su trabajo y constancia son capaces de aportar pequeños granos de arena que quizás hoy parezcan poca cosa, pero que mañana a buen seguro habrán cambiado sino el mundo, si una buena parte de él. Porque jornadas como las que he podido asistir esta semana pasada acaban por influir en todas las áreas sociales imaginables. Empezamos por sanidad, a poco se comprende la necesidad de implicar a otros departamentos, finanzas incluidas, educación y, poco a poco, muy lentamente, se consigue un cambio significativo.


Cuando el ser humano se encuentra ante algo grave que le hunde, suele hallar ese nivel de sensibilidad y sentido de solidaridad del que nacen propuestas, acciones y decisiones importantes de verdad, y a las que hay que apoyar con todas nuestras fuerzas. Existen Bancos de Alimentos para los más necesitados; voluntariado para acompañar a personas mayores necesitadas de todo tipo de ayuda; asociaciones en las que encontrar orientación respecto a una enfermedad concreta, riesgo de desahucio, violencia de género,… Cruz Roja, Médicos sin Fronteras, Payasos sin fronteras, UNICEF, Intermón, Fundación Vicente Ferrer, Fundación Josep Carreras, Asociación de Lucha contra el Cáncer,… y, tras una larguísima lista de entidades, también esos centros de soporte al duelo donde encontrar herramientas y una mano amiga, que tan necesaria e imprescindible se hace cuando nos enfrentamos a la dureza y dolor inimaginables que genera la pérdida de un ser amado

Todas ellas están a nuestra disposición, y suficientemente cercanas como para que, si cenando descubrimos que no nos hemos vuelto inmunes preguntándonos qué hacer para ayudar al prójimo, podamos ponernos en contacto con ellos y colaborar de una u otra forma. Prácticamente todos ellos nacen del voluntariado, sin más aportaciones económicas que las que sus “socios” facilitan en más o menos cantidad. Puedes ayudar económicamente, o quizás con horas de voluntariado,… está en tu mano decidir y, por supuesto, el no caer en el derrotismo pues con solo mirar a tu alrededor, más allá de tanta noticia y acontecimiento inhumano existen miles de personas volcadas en acoger y ayudar para el cambio.

¿Qué nos está pasando? Quizás el estar ante tanta basura por fin nos ayude a abrir los ojos y dejar de ser inmunes al sufrimiento ajeno. Esto sería una muy buena noticia, ¿verdad? Todos nosotros sabemos del dolor y lo que significa una mano amiga, algo que no tiene precio.

 

Xavier Muñoz G-M

 

La imagen que ilustra este artículo ha sido tomada prestada de internet, pero desconocemos su autoría. Si alguien la conoce, nos encantaría poder citar la fuente.

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