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¿Cómo reaccionamos ante el dolor por la pérdida?

  • lunes 11 de mayo de 2015

Podríamos hablar del dolor por cualquier tipo de pérdida, pero cuando sufrimos la pérdida de un ser querido, podemos sentir que hay algo que se desgarra por dentro, algo que se escapa a nuestras posibilidades de comprensión, que se siente muy adentro, y que es un dolor que no se puede soportar.

 

Por eso, de alguna manera, todos tenemos mecanismos que nos ayudan a poder soportar ese dolor; de alguna forma nuestro cerebro es capaz de regular el dolor al que somos capaces de enfrentarnos y esto lo hace a través de lo que se conoce  como afrontamientos.

 

“Hablar con otra persona”, “Llorar”, “Gritar”, “Dormir”, “Comer o no comer”, “Comprar”, “Abandonarse”, “Ver televisión, escuchar música, leer…”, “Trabajar”, “Hacer deporte”, “Realizar tareas creativas de arte, manualidades”, “Ordenar-cambiar cosas de sitio”… y así un sinfín de aspectos que hacemos para manejar nuestro dolor, cada uno como puede.

 

Los AFRONTAMIENTOS son las cosas que pensamos, hacemos o sentimos para poder manejar este dolor por la pérdida, incluido también la forma en la que el dolor se manifiesta a nivel físico en nuestro cuerpo.

 

Los afrontamientos son formas naturales de protección que hemos ido construyendo desde pequeños junto con nuestra identidad. Es la manera en la que hemos aprendido a relacionarnos con el mundo, a responder a las experiencias que nos han ido ocurriendo a lo largo de nuestra vida. Y que se van repitiendo cada vez que necesitamos protegernos de algo que nos ocurre.

 

En un proceso de duelo los afrontamientos que solemos utilizar hacen referencia a:

Nuestras creencias cognitivas,  que son nuestras creencias sobre el sufrimiento. La manera que tenemos de pensar, las ideas y esquemas mentales que hemos ido aprendiendo sobre el mundo, las personas, yo mismo y que son como mapas que nos guían en el día a día. Algunas de estas creencias son: “De las cosas difíciles en la vida, es mejor no hablar”,  “Tengo que tirar adelante”, “Estará mejor donde está”, “Se que me protegerá desde donde esté”…

 

Nuestras emociones, que son respuestas adaptativas a las experiencias que nos ocurren y son universales; todos tenemos emociones, otra cosa es la forma en la que las expresamos. El estar enfadado con todo y con todos, sentirnos culpables, llorar, sentirnos tristes… en definitiva son afrontamientos que nos ayudan a regular nuestro contacto con el dolor.

 

Nuestros comportamientos, es decir, la forma en que actuamos cuando estamos en duelo. Algunas personas sienten la necesidad de ir a menudo al cementerio para sentirse cerca de la persona que han perdido, en otras ocasiones evitamos realizar actividades que nos recuerden a la persona que ha fallecido, otras veces nos centramos más en nuestras actividades profesionales, o en realizar actividades de entretenimiento que me alejen del dolor, y a veces todo lo contrario, nos encerramos en casa para conectar con la tristeza y el recuerdo de la persona a la que hemos perdido.

 

La forma en la que se manifiesta en nuestro cuerpo (afrontamientos somáticos). Ante el exceso de dolor, el cuerpo necesita contraerse, manejar la tensión y esto crea una serie de posturas corporales para poder llevar el dolor y nos llevan a desarrollar problemas funcionales. Éstos pueden ser dolores de diferentes tipo, sobre todo debido a la tensión muscular, también incremento de enfermedades relacionadas con el sistema cardiovascular y digestivo, también dermatológico, etc.

 

La función principal de los afrontamientos es la de regular nuestro contacto con el dolor. A lo largo del proceso de duelo vamos oscilando entre AFRONTAMIENTOS DE CONEXIÓN y AFRONTAMIENTOS DE DESCONEXIÓN (Modelo de Proceso Dual de Afrontamiento al duelo: Stroebe & Schut, 1999). Los primeros nos aproximan al dolor, a la conexión con el dolor y los segundos desplazan el dolor, digamos que lo evitan.

 

Desde el MODELO DE TAREAS que propone Alba Payás en el que se trabaja el duelo desde una perspectiva Integrativa-Relacional y con el que yo trabajo en mi práctica terapéutica, se plantea que los afrontamientos no son ni buenos ni malos, son necesarios para la supervivencia y además necesitamos los dos tipos de afrontamientos porque no podemos estar en permanente contacto con nuestro dolor pero tampoco podemos evitarlo de forma continuada.

 

Por otra parte, un mismo afrontamiento puede ser de conexión o de desconexión, como por ejemplo, escuchar música. Podemos hacerlo para evadirnos de nuestro estado emocional en esos momentos y no conectar con nuestra pérdida o todo lo contrario, escuchando música que nos recuerde o evoque de alguna forma a la persona fallecida.

 

En cualquier caso, y para terminar me gustaría señalar que desde este modelo terapéutico, se respetan y no se juzgan en ningún caso los afrontamientos de cada persona, y tampoco se pretenden evitar o cambiar, sino que se consideran como posibilidades de poder elaborar e integrar la experiencia de la pérdida, ya que lo importante es que cada uno sea consciente de sus afrontamientos y de la función que tienen para uno mismo, es decir de las razones que nos llevan a pensar, actuar y sentir así.

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