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Hablar de la muerte, una asignatura pendiente

  • martes 13 de octubre de 2015

Ayer domingo 8 de junio  fue un día muy especial para el equipo de artmemori.com. Gracias a vuestra participación, pudimos dar luz a una iniciativa pionera en el ámbito nacional: el primer encuentro virtual para conversar entorno al concepto de la muerte y el duelo en nuestra sociedad, el primer artmemori·té. Pudimos contar con participantes tanto españoles como internacionales, conociendo así algunos matices diferentes de culturas tan dispares como la de España, Colombia o Costa Rica. Poder contar con estas experiencias ha sido todo un privilegio que sin duda ha resultado enriquecedor para todos.

Algunas de las personas inscritas en el evento nos habéis explicado que os encontrasteis con algunas dificultades técnicas generadas por la propia plataforma virtual utilizada, lo que impidió vuestra participación. Estamos dedicando toda nuestra atención en la solución de las mismas con el fin de que la próxima vez sea un proceso mucho más sencillo. Muchas personas se animaron también a seguir el evento en Twitter a través del hastag #artmemorite. Mientras tanto, aquí os dejamos algunas de las reflexiones que entre todos los asistentes compartimos. Recordar que podéis dejar vuestros comentarios y continuar con el debate a través de éste blog.

El primer encuentro artmemor·té, giró en torno al tema de la muerte como tabú en nuestra sociedad y las dificultades que esta manera de tratarla conlleva para la persona, tanto cuando está en duelo como cuando tiene afrontar el final de su vida.

 

Unánimemente se consideró que si bien la muerte forma parte de la vida, y convivimos con ella a diario (en el cine, en las noticias), cuándo nos encontramos ante la pérdida de un ser querido, cuando la muerte nos toca de cerca, no sabemos cómo actuar ni cómo acompañar. Nos sumergimos en el silencio o en el eufemismo que en ocasiones no hacen más que marcar una brecha entre el acontecimiento y el sentimiento.



Las personas que han perdido a un ser querido, frecuentemente se encuentran con la necesidad de hablar libremente sobre la muerte y el recuerdo de su ser querido, de charlar sobre la ausencia y su vivencia. Una necesidad que en ocasiones no se cubre ya que las personas de alrededor no quieren hablar de la muerte, por miedo, por temor, por ignorancia o simplemente por no saber ni qué decir, ni cómo actuar. La muerte así se silencia, se oculta, se perpetúa entre visillos que alimentan el tabú.

 

La red social que acompaña al doliente se encuentra con frecuencia en la tesitura del no saber qué hacer, no saber qué decir, no saber cómo acompañar pormiedo a herir. Los asistentes coincidieron en afirmar que a veces, tan solo es necesario un diálogo inocente, hablar simplemente para sanar el dolor. En la mayoría de los casos, no es necesaria una terapia.

 

Entre todos los participantes realizamos un viaje al pasado, recordando que en otros tiempos la muerte era integrada en la vida de los que quedaban. Las personas morían y se velaban en casa, siendo participes de tal evento todas las personas allegadas, incluso los más pequeños de la familia. Las muestras de dolor así como las maneras de hacerle frente eran vividas e integradas por todos los miembros como parte natural del proceso. Los signos y símbolos delduelo, permitían al doliente compartir ese dolor con la sociedad, mostrar su luto, mostrar su pena.

 

Pero de unas generaciones a esta parte, las cosas han cambiado mucho. De ser vivida como algo natural que se experimentaba dentro del ámbito del hogar, la muerte ha pasado a ser un concepto tabú, exiliada a ser considerada casi exclusivamente en el ámbito hospitalario, la funeraria y poco más. Todo transcurre muy rápido, de manera aséptica casi fría… lo que hace que el doliente se acabe encontrando sólo en casa con su dolor… lo que suele provocar aún más dolor.

 

En definitiva, entre los asistentes se concluyó un deseo común: que la muerte vuelva a ocupar el sitio que se merece en nuestras vidas.

Entre el pasado y el presente, nos cuestionamos entre todos los motivos que han podido favorecer la vivencia actual de la muerte como algo dentro de la esfera de lo escondido, de lo tabú. Un breve análisis de la sociedad actual nos permitió vislumbrar algunas pistas. Y es que nuestra sociedad tiende a enardecer el bienestar, la belleza, el culto al cuerpo y da la espalda a la enfermedad, la vejez, el sufrimiento, la pobreza… ¿Cabe el concepto del dolor y sufrimiento humano dentro de esta sociedad de la inmediatez y bienestar? Con la llegada de los psicofármacos, desaprendemos a vivir y convivir con nuestro dolor.

 

Durante esta primera sesión de artmemori•té también se habló de religión y espiritualidad. En muchas ocasiones, según afirmaron algunos asistentes, parece que la religión es el único vehículo posible para acercarnos a la muerte lo que da una visión sesgada y a veces incluso incómoda para alguien que ha sufrido la pérdida y no es creyente. Una de las asistentes explicaba su experiencia: “¿Y si la persona no quiere escuchar que esa muerte ha sido por la voluntad de Dios?” Según otros asistentes, la espiritualidad, la esperanza de un futuro mejor o de un reencuentro, es lo que permite a los dolientes avanzar en su proceso de duelo y elaborar la despedida de sus seres queridos. Los asistentes destacaron que a través de todo el sufrimiento también se puede crecer. Con la muerte de un ser querido, en muchas ocasiones los sobrevivientes vuelven a nacer, haciendo un aprendizaje vital extraordinario. También se habló de las dificultades que tienen muchas familias para realizar funerales no religiosos.

 

Por último se planteo la pregunta ¿qué acciones podemos llevar a cabo para romper paulatinamente el tabú y dar a la muerte su lugar, vivencia y experiencia? ¿Qué podemos hacer para que la muerte vuelva a ser algo natural, algo que forma parte de la vida? Educar. Educar a la infancia, educar a los adultos. Educarnos, desde la escuela, desde casa, desde los diferentes contextos en los que nos encontremos. Dejar de utilizar en la medida de lo posible los eufemismos que hasta ahora nos han distanciado de la palabra muerte. Adaptar las explicaciones a la edad, pero no por ello dejar el realismo de lo ocurrido de lado. Ayudar a comprender, a gestionar, a aceptar...

 

Estas fueron algunas de las cuestiones que conversamos en el primer artmemori-té, el primer encuentro virtual de estas características realizado desde España. Estamos enormemente agradecidas por vuestra participación e implicación. Esperamos poder volver a conversar bien prontito.

 

 

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