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Cómo ayudar a un adolescente en duelo

  • lunes 11 de mayo de 2015

Son muchas las personas que nos habéis pedido consejo sobre cómo actuar con los adolescentes, en los casos en los que ha habido una muerte en la familia. Ante todo, trataremos de ponernos en la piel de un adolescente, entender cómo se vive esta etapa tan especial en nuestra vida, con todos los cambios y experiencias que conlleva (Podéis leer el artículo anterior: ¿Es la adolescencia un duelo en sí misma?). Además, trataremos al adolescente y sus sentimientos de la manera más respetuosa.

 

Es muy difícil para un adolescente (incluso para cualquier adulto) el imaginar la vida sin esa persona que acaba de perder. Y en especial, la muerte del padre/madrees algo muy doloroso. Todo lo que fue, y todo lo que tenían planificado para el futuro, implicaba a su padre y a su madre. Y ahora todo ha cambiado. Y en cada momento de su vida tendrá que decidir cómo integrar la pérdida: cuando termine sus estudios, se independice, tenga hijos…habrá un sinfín de situaciones en su vida en las que echará de menos la presencia de su padre/madre.

 

Pueden preguntarnos ¿Cómo voy a vivir ahora, sin mi padre, o sin madre, o hermano…? y evidentemente no es fácil dar una respuesta, entre otras cosas porque no lo sabemos; pero sí podemos responder a su necesidad de que alguien le asegure que esto no va a ser así siempre, que esta tristeza no será siempre tan devastadora, queel dolor será más soportable y que nunca disminuirá el amor por la persona fallecida.

 

También pueden tener preguntas como: “¿Sigo siendo el hermano mayor?, ¿Debo seguir el ejemplo de mi padre? o ¿En qué me parezco a mi madre? Puede ser que se sientan presionados a seguir el ejemplo de uno de los padres o hermanos que falleció. De esta forma podemos encontrar adolescentes con una gran carga de responsabilidad para tirar de los demás familiares, imitando la conducta de su padre o madre fallecida o a veces todo lo contrario (falta de responsabilidad, rebeldía, conductas de riesgo…). Ambas son formas de poder mantener el vínculo con la persona que ya no está, de conectar o desconectar del dolor tan difícil de soportar para ellos en estos momentos. Es importante no juzgarlos, y protegerles de conductas que puedan sumar aún más daño al que ya de por sí están sufriendo. Por eso es tan importante que sean conscientes de que son comprendidos y respetados en su dolor y favorecer y facilitar de la mejor manera su expresión emocional.

 

En cuanto a la expresión emocional, muchas veces ellos mismos manifiestan que tratan de evitar hablar con sus familiares sobre la persona que ha fallecido. Y esto es porque se sienten preocupados por sus familiares y quieren protegerlos. “Intento no nombrar a Papá porque Mamá se pone muy mal, sufre y llora…y no quiero que esté mal, así que lo evito”. Es un comportamiento también que se da en los adultos, y se convierte en una gran responsabilidad para ellos. Por ello es bueno demostrarles que sentimos tanto dolor como ellos, pero que queremos saber cómo se sienten. Transmitirles que aunque lloremos, vamos a estar bien con ellos y nuestra relación es más importante que el evitar esas lágrimas.

 

En la adolescencia les preocupa mucho la expresión emocional ante sus iguales, temen mostrar vulnerabilidad y por ello limitan todo lo que pueden las muestras de dolor y tristeza ante sus amigos y amigas, para seguir siendo uno más, y no sentirse diferentes, seguir siendo aceptados. Por otra parte, sus amigos, incluso los más cercanos muchas veces no saben ni siquiera que hacer para abordar el tema, lógico por otra parte, si no se está acostumbrado a hablar con libertad de la muerte tanto en casa como en el entorno escolar. Y esto hace que se perciba una sensación de que no les va a entender nadie, así que mejor no hablar.

 

Si el adolescente tiene oportunidad de hablar en casa sobre la muerte y sobre sus sentimientos, esto puede ayudarlo a prepararse y disminuir la ansiedad a las preguntas que le puedan hacer en la escuela o en otros contextos, por no saber que decir o que hacer.

 
“Lo más importante sería que nadie, independientemente de la edad que tenga,se sienta sólo con su dolor”.

 

El solo hecho de saber que las personas que lo rodean entienden por lo que está pasando ya es un gran respaldo y ayuda al adolescente a sobrellevar esta situación.

 

También es una etapa en la que suelen hacerse muchas preguntas sobre las creencias religiosas o culturales que comparte la familia, pueden mostrar razonamientos críticos y sentirse escépticos al respecto. Desean saber cosas sobre el más allá y sobre aquellas creencias en las que hayan sido educados. Por ello es importante darles un espacio dentro de los rituales funerarios que se celebren en la familia y hacerlos partícipes en todo cuanto ellos deseen. Ellos necesitan despedirse de la persona querida al igual que los adultos y más aún en el caso de un padre o una madre.

 

Los adolescentes en duelo van a mostrar diferentes manifestaciones en cada caso, y es normal que en los primeros meses se sientan muy cansados porque el duelo requiere muchísima energía, de ahí que puedan tener dificultades para concentrarse en actividades de tipo intelectual. Pueden tener intensas emociones y sentimientos de tristeza, enfado, culpa, confusión, soledad y a veces todas al mismo tiempo. Por lo tanto es lógico que se sientan desbordados y sin energía al igual que nos pasa a los adultos.

 

Por su etapa evolutiva, la emoción que podemos decir que predomina es el enfado, aunque esta es una reacción muy natural ante la muerte de un ser querido. En el caso de los adolescentes, podemos observar momentos en los que el enfado que sienten es tan intenso que hasta da miedo, tan fuerte que parece una fuerza incontrolable, y al mismo tiempo también se pueden sentir culpables por no poder controlar sus emociones.

 

Es importante explicarles que todas estas cosas que les pasan son normales, que están en su derecho, que cómo no van a estar tristes, confusos, enfadados… pero que aunque expresar los sentimientos sea doloroso, quedarse solo con ellos puede ser mucho más dañino. Por ello debemos procurar darles un entorno de seguridad, donde ellos sientan que cualquiera que sea su expresión será aceptada y estaremos ahí, acompañándoles en esos momentos, escuchándoles, compartiendo con ellos esas emociones. Nuestra disposición y actitud será mucho más importante que cualquier cosa que les digamos. Será importante darles la oportunidad de que puedan encontrar ellos mismos las respuestas a sus preguntas.

 

También debemos de respetar que no quieran expresar todas las cosas que se les pasan por la cabeza, todo lo que están sintiendo y es normal que a veces no quieran hablar de ello por lo sobrecogedor que les resulta. Por ello, si no quieren expresar sus emociones, podemos sugerirles que tal vez les apetezca escribir una carta sobre lo que sienten, un diario o hacer una lista sobre sus preocupaciones o sus dudas y, si lo desean, leerla con nosotros. Si prefieren conservarla en la intimidad, debemos respetar su decisión.

 

Por otra parte el animarles a realizar actividades como el deporte, o cualquier actividad expresiva a través del arte o de la música pueden servirles para poder canalizar mejor todas esas emociones. Así como el seguir en contacto con su grupo de amigos, ya que el aislamiento no ayuda en la elaboración del duelo y el que se diviertan en alguna ocasión no significa que no sientan dolor, o echen de menos y recuerden a la persona querida.

 

Espero que estas pinceladas sobre el duelo en los adolescentes os hayan servido de orientación y os puedan ayudar a comprenderos mejor en el entorno familiar. Pero no hay una única receta, sino personas, da igual la edad, al fin y al cabo personas que sufren y con esa mirada debemos estar a su lado, respetando su autodefinición como personas, su dolor, su expresión o no expresión y sobre todo con mucho, mucho cariño.

 

Un fuerte abrazo,

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