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¿Es la adolescencia un duelo en sí misma?

  • lunes 11 de mayo de 2015

Suele decirse que la adolescencia es una etapa evolutiva difícil ya de por sí, por la gran cantidad de cambios a los que los jóvenes tienen que adaptarse. Y esto es así porque en definitiva, estos cambios no dejan de ser una serie de pérdidas que hay que hay que ir afrontando en la transición entre la niñez y la edad adulta. Y es al integrar estás pérdidas cuando poco a poco el adolescente es capaz de encontrar y fortalecer su propia identidad y adquirir autonomía. Todo ello afecta tanto a nivel físico, como mental, emocional, relacional y espiritual.

 

A nivel físico, su cuerpo cambia, se transforma y fruto de los cambios hormonales aparecen nuevas sensaciones, emociones, sentimientos en alta intensidad y variabilidad.

 

En su comportamiento dejan de estar permitidas muchas cosas porque ya no son niños. Actividades como jugar o la justificación de su responsabilidad por ser pequeños ya no valen. Alrededor de ellos se generan una serie de expectativas y responsabilidades, no siempre ajustadas. Tienen que aprender a adaptarse a la presión y a lo que se espera de ellos, por parte de sus padres, su familia, sus amigos y la sociedad en general.

 

Por otra parte muchas de las respuestas que en la niñez eran suficientes, ahora ya no lo son, se produce un desarrollo cualitativo de su inteligencia y con ella del espíritu crítico, aparece la necesidad de cuestionar, indagar… para satisfacer su curiosidad. Esa ingenuidad de la niñez da paso a la formación de sus propias ideas y creencias sobre el mundo que les rodea, los demás y ellos mismos y son defendidas con intensidad porque de ellas dependen su identidad y rol dentro de su universo relacional.

 

También cambian las relaciones entre iguales. La amistad, la importancia de los compañeros/as es vivida de manera diferente. En la niñez esta amistad se orientaba a la actividad, a jugar. Pero en la adolescencia priman más las afinidades de personalidad. La opinión de sus amigos/as, su aceptación, los juicios que les den, los consejos que reciban tienen una enorme importancia para ellos.

 

Después de leer estas líneas, si nos ponemos por un solo segundo en su piel, ya podemos imaginar los efectos que puede tener en un adolescente el sufrir la pérdida de un ser querido y más aún si se trata de uno de sus padres. Y si vamos un poco más allá, no solamente la pérdida, sino que si la respuesta de su entorno no es adecuada, si no reciben el apoyo necesario, pueden producirse daños muy difíciles de reparar porque afectan a pilares básicos de su identidad como ser humano y que se están construyendo en esos precisos momentos. Aunque por otra parte, me gustaría destacar la gran capacidad de los seres humanos para recomponerse y sin duda, la adolescencia aunque ya he dicho al principio que “dicen que es una etapa difícil”, también es una etapa con muchas posibilidades de crecimiento y desarrollo personal a todos los niveles.

 

El adolescente, por la madurez de su capacidad evolutiva, tiene suficiente edad como para entender lo que implica la muerte y siente profundamente su pena y su pérdida. Pero debemos tener en cuenta que “comprender la muerte” no es lo mismo que tener recursos para abordarla.

 

El duelo en la adolescencia,  es real y doloroso, por lo que lo más importante es tratarlos tanto a ellos como a sus sentimientos de la manera más respetuosa, y más que tener una respuesta correcta, será nuestra actitud paciente, con cariño y la muestra de nuestra total disponibilidad para escucharles y ayudarles a responder sus propias preguntas lo que les haga sentirse acompañados en su duelo.

 

“Expresar nuestro amor es más importante que tener respuestas”

 

MARTA SARIÑENA SALAMERO

Psicóloga. Counselling integrativo relacional en duelo y pérdidas.

Responsable de Espacio de Duelo en www.artmemori.com y equipo de www.ayudaenduelo.com

msarinena@artmemori.com

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