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Derechos básicos emocionales

  • lunes 11 de mayo de 2015

Hoy que es el día que celebramos el Día Internacional de los Derechos Humanos, es conveniente recordar un derecho básico para nuestra supervivencia, nuestras emociones. Por eso hoy comparto con vosotros esta lista sobre nuestros derechos básicos emocionales, tan olvidados a veces.

 

TENEMOS DERECHO A:

 

# Considerar nuestros sentimientos tan importantes como los de los demás.

Las emociones son subjetivas: tememos o amamos a personas diferentes; nos alegramos o nos entristecemos por situaciones distintas. No hay razón objetiva que haga que unos sentimientos sean mejores que otros.

 

# Pedir información sobre aquellos sentimientos que nos afectan directamente.

La persona a la que se interroga puede explicitar o no sus emociones y las razones que le han llevado a ellas.

 

Pedir (no exigir) a los demás que respondan a nuestras necesidades emocionales y decidir si satisfacemos o no las necesidades de los demás. 

 Los sentimientos están diseñados evolutivamente para pedir a los demás que actúen de una determinada manera.

 

# Tomarnos nuestro tiempo y a no dejar que los demás impongan su ritmo en la toma de decisiones emocionales.

 La manipulación tiene que ver, en muchas ocasiones, con la velocidad: las personas que intentan imponer sus necesidades sentimentales intentan acelerar o ralentizar nuestro ritmo. Es importante llegar a un acuerdo que no favorezca a ninguna de las partes para que esto no ocurra.

 

# Rechazar peticiones sin sentirnos egoístas. 

El egoísmo ajeno es el principal argumento de aquellos que pretenden manipular emocionalmente. Hay un razonamiento muy sencillo que debería anular nuestra sensación de culpabilidad por mirar por nosotros mismos: las peticiones de la otra persona son igualmente egoístas. Lo único que estamos haciendo es optar, entre dos necesidades egoístas, por las nuestras.

 

# Experimentar y expresar nuestros propios sentimientos. 

En muchas ocasiones, la intención del que manipula es imponer sentimientos al otro. Incrustar nuestros miedos en nuestros hijos, convencer a nuestra pareja para que comparta nuestras filias y nuestras fobias o buscar que nuestros amigos se enfaden con los que nosotros estamos enfadados son ejemplos de esta táctica de “lavado de cerebro emocional”. Los únicos sentimientos que funcionan son los propios: nadie debe dejarse llevar por los ajenos.

 

# Variar nuestras emociones sin sentirnos culpables. 

Amar y dejar de hacerlo, alegrarse con algo hasta que nos cansemos de ello o enfadarnos con alguien y luego perdonar es parte de la vida sentimental. Aunque a los demás no les gusten esos cambios, hay que aceptarlos.

 

Autora: Marta Sariñena, psicóloga especializada en duelo.
Fuente: Luis Muiño, psicoterapeuta.

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