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ESPIRITUALIDAD: ¿Nos ayuda a la hora de elaborar nuestro duelo?

  • lunes 11 de mayo de 2015

Hay momentos en la vida que, por la magnitud e intensidad emocional con la que los vivimos, nos acercan a estados de conciencia en los que necesitamos algo más, ese “algo” que pueda conceder sentido a la existencia. Necesitamos comprender, conocer mejor nuestro entorno; nos preguntamos el sentido de las cosas, su utilidad, la función, el por qué; inevitablemente se producen cambios en nuestro interior, en nuestras creencias, valores y en la forma en que sentimos, vemos y nos relacionamos con los demás, con nosotros mismos y con el mundo.

 

“Los más altos valores espirituales de la vida pueden originarse en el pensamiento y el estudio de la muerte“. (Elisabeth Kübler-Ross)

 

Digamos que algo así nos puede ocurrir cuando nos enfrentamos a la muerte, ya sea la nuestra propia o la de un ser querido, o le acompañamos en la enfermedad y el final de la vida. Es en estos momentos cuando, si no lo hemos desarrollado con anterioridad, estamos más abiertos y dispuestos a conectar con nuestra espiritualidad. También puede suceder que nos cuestionemos todo aquello en lo que hemos creído hasta ese momento, manifestemos rechazo o surjan en nosotros nuevas incertidumbres y preguntas que nos lleven en busca de una nueva forma de desarrollar nuestra espiritualidad.

 

Pero, ¿qué es la espiritualidad?

 

La OMS, Organización Mundial de la Salud afirma que: “Lo espiritual se refiere a aquellos aspectos de la vida humana que tienen que ver con experiencias que transcienden los fenómenos sensoriales”. Muchas veces queda aparcada la dimensión espiritual del ser humano. Probablemente porque todavía se asocia mucho la palabra espiritualidad con la palabra religión y esta podría ser la causa de que cueste tener en cuenta la dimensión espiritual del individuo al mismo nivel que tenemos en cuenta su dimensión social o psicológica.

 

La espiritualidad va más allá, hace referencia a la búsqueda del sentido de nuestra vida, a sentirse lleno, a lo que nos mueve para llevar adelante la vida. No es necesario ser practicante o seguidor de una confesión religiosa para expresar o vivir la propia dimensión espiritual. El proceso de búsqueda espiritual puede nacer en forma de un deseo hacia la autenticidad, equilibrio, armonía y plenitud.

 

¿Qué podemos hacer para desarrollar nuestra espiritualidad?

 

Es importante examinar honestamente nuestros valores espirituales y prejuicios para ser receptivos a una gran variedad de creencias, prácticas, rituales y técnicas no tradicionales. También tener en cuenta que la búsqueda de la espiritualidad pasa por ir hacia nuestro interior y que los recursos que utilice me deben de permitir eso,conectar conmigo mismo, quedarme ahí, sentir, darme los momentos necesarios, sin prisa, y sobre todo con compasión y respeto, sin censuras, sin límites y con mucho, mucho cariño.

 

Verte cómo quieres ser es la clave para el crecimiento personal.
(Autor desconocido)

 

En un lugar seguro para nosotros, como puede ser nuestro hogar podemos crear un espacio íntimo y personal que nos permita conectar con nuestro interior cuando lo necesitemos. Sería aquel lugar donde puedo realizar prácticas de meditación y silencio cada vez que lo precise, donde puedo explorar el significado profundo de mis pérdidas, y tomar conciencia de cómo manejo mi vida, reflexionar sobre mi forma de afrontar las experiencias.

 

También podemos hacer alguna actividad que potencie nuestra creatividad artística, buscando cosas que nos nutran espiritualmente como la literatura, la danza, la música, el arte… e incluso practicándolas y desarrollándolas nosotros mismos como escribir, pintar, bailar, etc. Ya existen muchos profesionales especializados en cromoterapia, arteterapia, aromaterapia y musicoterapia que nos ayudan a través del acercamiento a los sentidos, el arte y la música consiguiendo mayor conexión y desarrollo personal.

 

Por otra parte, a través de prácticas como el yoga, tai-chí, meditación o visualización podemos desarrollar nuestra confianza, seguridad, disminuir nuestras tensiones y promover la paz interior. Contribuyen a liberar energía hacia la movilización de recursos y un mejor manejo de las emociones y nos ponen en contacto con una realidad interior muchas veces desconocida.

 

Una fuente de aprendizaje inagotable y que nos ayuda a encontrar sentido a nuestras vidas es apoyar a los demás. Podemos realizar algún voluntariado social, aquel que nos permita ser más conscientes de todo aquello que podemos ofrecer a los demás, conociéndonos más a nosotros mismos. No hay labor más enriquecedora para uno mismo que el ofrecer nuestra ayuda a los demás.

 

El título que encabeza estas líneas hace referencia a la pregunta sobre si la espiritualidad puede o no ayudarnos a elaborar nuestro duelo. Sin duda, en mi opinión la respuesta es SI. Independientemente de si vivimos nuestra espiritualidad junto a unas creencias religiosas o no, es necesaria y nos proporciona un equilibrio en nuestra existencia y nos hace sentir que todo es transcendente. Conectar con nuestra espiritualidad promueve estados afectivos de esperanza, perdón, afianzamiento de la autoestima, paz, bienestar, amor y compasión.

 

La armonía, es decir, el equilibrio entre los aspectos físicos, mentales y espirituales del ser, son fundamentales para la salud. Este concepto no solamente incluye la salud mental y corporal del individuo, sino también sus relaciones consigo mismo, con sus seres queridos, con la colectividad, el planeta y el universo entero al que pertenecemos.”


Iosu Cabodevilla. Espiritualidad al final de la vida.

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