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Cómo integrar el Mindfulness en la elaboración del duelo

  • lunes 11 de mayo de 2015

Tal y como plantea Israel Mañas en su artículo “Mindfulness (atención plena): La meditación en psicología clínica” , si nos planteamos preguntas como, ¿Cuál es el estado psicológico en el que me encuentro la mayor parte del tiempo? o ¿Qué es lo que suele hacer mi mente, mi pensamiento?, seguramente nos resulte muy difícil responder. Esto es porque se requiere la capacidad de observar; observar de un modo especial, de una manera que no hemos aprendido, que no hemos practicado, que nos resulta prácticamente desconocida. Mindfulness representa un modo especial de ver, un modo especial de observar.

 

El Mindfulness puede entenderse como atención y conciencia plena, como presencia atenta y reflexiva a lo que sucede en el momento actual. Pretende que la persona se centre en el momento presente de un modo activo, procurando no interferir ni valorar lo que se siente o se percibe en cada momento.

 

Jon Kabat-Zinn (2003), quien introdujo el Mindfullness en occidente, lo describe como: “El proceso de observar expresamente cuerpo y mente, de permitir que nuestras experiencias se vayan desplegando de momento en momento y de aceptarlas como son. Ni implica rechazar las ideas ni intentar fijarlas ni suprimirlas ni controlar nada en absoluto que no sea el enfoque y la dirección de la atención…”

 

Este tipo de práctica meditativa tiene numerosos beneficios:

 

  • Estar plenamente en el presente, en el aquí y ahora. Si observamos nuestros pensamientos veremos que casi siempre estamos pensando y experimentando emociones en base al pasado y al futuro.
  • Observar pensamientos y sensaciones desagradables tal cual son. Permitirnos conectar con nuestro miedo, enfado, ira, culpa, dolor, sufrimiento… Hace algunos días comentaba en otro artículo sobre las emociones en el proceso de duelo, la importancia de etiquetar nuestras emociones difíciles y ser conscientes de ellas. Pues bien, de esta forma nos permitimos el observarlas, simplemente eso pero ya es suficiente para identificarlas, saber que están ahí, y tomar conciencia de ello. Este hecho ya es en sí reparador, porque a veces sentimos mucho sufrimiento pero no identificamos como se manifiesta.

 

  • Conciencia de aquello que se está evitando. Este es el primer paso para dejar de luchar con estas emociones que nos resultan difíciles de abordar.

 

  • Conexión con uno mismo, con los demás y con el mundo que nos rodea. Esto nos permite ser, estar presentes.

 

  • Mayor conciencia de los juicios. Así podemos ir aprendiendo a liberarnos de ellos, porque, ¿Somos conscientes a lo largo del día de la cantidad de veces que juzgamos las cosas? En realidad es que desde pequeños hemos aprendido a clasificar, en mucho-poco, grande-pequeño, bueno-malo, y cuesta mucho desaprender.

 

  • Aumento de la conciencia de sí mismo, tanto a nivel físico como mental.

 

  • Menor reacción frente a experiencias desagradables. “Lo que resistimos, persiste”. Lo que se desarrolla es una nueva relación con los sentimientos y emociones que nos llevan al sufrimiento, caracterizada por la conciencia plena y con actitud amable y de aceptación. Esta relación no intenta “quitar” o “reducir” estas emociones y pensamientos sino más bien convivir de forma pacífica con ellos.

 

  • Menor identificación con los pensamientos (no soy lo que pienso).

 

  • Reconocimiento del cambio constante (pensamientos, emociones y sensaciones que vienen y van).

 

En definitiva, con la práctica de Mindfullness podemos encontrar:

  • Mayor equilibro, menor reactividad emocional.
  • Mayor calma y paz.  
  • Mayor aceptación y compasión de si mismo.

 

En relación al duelo

 

Si tenemos en cuenta que cuando perdemos a alguien querido es posible que pasemos por todo tipo de emociones y sentimientos, puede que estemos asustados, impresionados, confundidos, que nos sintamos culpables, enfadados, aliviados, exhaustos, tristes, preocupados…

 

Que las emociones pueden ser más intensas y profundas de lo habitual y además pueden estar mezcladas de una manera que nunca antes habíamos experimentado. Podemos experimentar dificultades para dormir, concentrarnos, comer o también perder interés en actividades que antes eran importantes para nosotros, tener pensamientos recurrentes que nos provocan sufrimiento y contra los que luchamos incesantemente….

 

Y  que todo esto forma parte de la normalidad, del universo de manifestaciones que se dan en la elaboración del duelo, entonces podemos considerar de alguna manera la integración de la práctica habitual de Mindfulness como un recurso más que nos puede ayudar a regular nuestro estado emocional y convivir mejor con el sufrimiento.

 

Pero como todo, hay que entenderlo con prudencia. El Mindfulness es una habilidad, que se desarrolla con la práctica y con un adecuado aprendizaje. Y debemos tener en cuenta también el momento o el estado en el que nos encontramos dentro de nuestro proceso de duelo, para poder valorar de qué forma integrarlo en nuestra práctica cotidiana.

 

Este es un tema apasionante para mí y espero que os haya resultado de utilidad esta información, poco a poco podemos ir adentrándonos en conocerlo un poco más, dada su amplitud.

 

Para empezar os propongo una sencilla práctica:

 

EJERCICIO BÁSICO DE MINDFULNESS, KABAT-ZINN

 

Adoptemos una postura cómoda, tumbados de espaldas o sentados. Si optamos por sentarnos, mantengamos la columna recta y dejemos caer los hombros.

 

  1. Cerremos los ojos si así nos sentimos más cómodos.
  2. Fijemos la atención en el estómago y sintamos cómo sube y se expande suavemente al inspirar, y desciende y se contrae al espirar.
  3. Mantengámonos concentrados en la respiración “estando ahí” con cada inspiración y espiración completas, como si cabalgásemos sobre las olas de nuestra respiración.
  4. Cada vez que nos demos cuenta de que nuestra mente se ha alejado de la respiración, tomemos nota de qué es lo que la apartó y devolvámosla al estómago y a la sensación de cómo entra y sale de él.
  5. Si nuestra mente se aleja mil veces de la respiración, nuestra “tarea” será sencillamente la de devolverla en cada ocación a la respiración sin que nos importe en lo que se haya involucrado.
  6. Practiquemos este ejercicio durante quince minutos (todos los días y en el momento que más nos convenga, nos agrade o no, y veamos cómo nos sentimos al incorporar una práctica disciplinada de la meditación en nuestras vidas. Percatémonos de lo que se siente al pasar un rato todos los días nada más que estando con nuestra respiración y sin tener que hacer nada.)

 

Si os apetece, podemos proponernos el hacerlo a partir de hoy mismo, y compartir nuestra experiencia al realizar esta práctica.

 

Un abrazo,

 

MARTA SARIÑENA.

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