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Pérdidas y ganancias a lo largo de la vida

  • lunes 11 de mayo de 2015

Estaba leyendo el libro “Acompañamiento en el Duelo y Medicina Paliativa” de la Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos, cuando en el capítulo que hace referencia al duelo en el anciano (Magdalena Pérez Trenado) encontré unas reflexiones que me encantaron a cerca de las perdidas a lo largo de nuestro desarrollo evolutivo y que me apetece compartir con vosotros.

 

A continuación os expongo una elaboración y reflexión personal a partir de la información que os he citado.

 

La vida es un continuo devenir de ganancias y pérdidas. Y es en este devenir, donde “vivir la vida” supone un gran trabajo de comprensión, afrontamiento, aceptación… de nuestra propia balanza personal de ganancias y pérdidas. En este trabajo interior nuestra actitud y características personales, así como nuestras relaciones con los demás serán fundamentales.

 

En nuestros primeros años progresivamente vamos perdiendo la protección total de la que un día disfrutamos cuando éramos bebes dependientes pero, al mismo tiempo, vamos siendo capaces de hacer cosas por nosotros mismos. Poco a poco desarrollamos habilidades de autonomía e independencia personal.

 

En la adolescencia perdemos ese escudo que nos protegía de cometer cualquier error debido a la edad y comenzamos a tener que asumir responsabilidades por errores que antes se justificaban por nuestra inexperiencia. Aunque por otra parte en la adolescencia somos capaces de explorar todo lo que nos rodea y de experimentarmuchas formas de relaciones personales que antes no nos estaban permitidas.

 

Conforme vamos creciendo y nos convertimos en adultos jóvenes nos encontramos en un mundo competitivo donde se espera que asumamos muchas tareas y responsabilidades que van restringiendo nuestra capacidad de acción y libertad personal. En este camino al mismo tiempo vamos desarrollando otras capacidades quenos fortalecen física y emocionalmente para hacernos un hueco en la sociedad que nos rodea, en busca de nuestro rol y estatus social.

 

Ya en la madurez parece que la sensación de aventura disminuye (aunque esto no siempre es así) y nuestra forma física empieza a disminuir pero por el contrario poseemos más experiencias de la vida lo que nos da un mayor conocimiento y unas relaciones sociales más satisfactorias.

 

Cuando sufrimos la pérdida de un ser querido, inevitablemente nuestra balanza se desequilibra y es un profundo trabajo personal el que hace que poco a poco podamos restaurar la posición de la balanza que nos proporcione mayor equilibrio interior. Sin saberlo todas aquellas pérdidas  - ya sean grandes o pequeñas – que nos ocurren desde que nacemos, nos van dando más consciencia acerca de nuestros recursos y fortalezas.

 

Os invito a hacer una reflexión acerca del estado de vuestra balanza personal de pérdidas y ganancias y sobre todo y lo que es más importante, acerca de los recursos y fortalezas que os han aportado tanto las pérdidas como las ganancias.

 

Un cariñoso saludo,

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