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Todos tenemos un pasado

  • lunes 11 de mayo de 2015

Todos nosotros somos tataranietos, algunos puede que lleguemos a ser tatarabuelos, ya se verá, pero si hay algo que podamos afirmar es que todos tenemos un pasado que no empieza con nuestro nacimiento, se remonta generaciones y generaciones, hasta el principio de los tiempos.

 

Soy Mireia Nieto, creadora de tataranietos, un proyecto muy especial cuyo tema central es la genealogía, la ciencia que estudia la ascendencia y descendencia de una persona o familia.

 

La genealogía es una disciplina seria como cualquier ciencia y se puede abordar desde la historia, la antropología, la psicología, la sociología, la estadística, la genética, el derecho, el arte, etc.

 

Mi interés por este tema comenzó en 2011 cuando empecé el árbol genealógico de mi familia y vi que aquella actividad me absorbía cada vez más tiempo libre, siempre quería saber más. Di mis primeros pasos de forma autodidacta sin ninguna guía que me orientara y luego me fui formando seriamente.

 

Decidí compartir mi pasión con los demás a principios de 2013 con ganas de hacer llegar mi visión bastante particular sobre los asuntos genealógicos y hacerlo de forma atractiva para el gran público.

 

Para mi la genealogía está viva a pesar de que básicamente habla de muertos, es decir, que investigar a nuestra familia y a nuestros antepasados puede darnos las claves para entender por qué soy como soy y en qué punto estoy como persona.

 

La epigenética, ciencia que estudia los factores no genéticos que intervienen en el desarrollo de un organismo, está ayudando a entender qué influencia tienen nuestros anteriores en nosotros. Recientemente se ha demostrado en un estudio con ratones que los traumas se heredan y también por suerte que estas marcas se pueden borrar, así que para trabajar esa parte oscura, que algunos llaman sombra, tan poco (re)conocida de nosotros mismos hay que estudiar quién estuvo antes que nosotros. Eso significa arremangarse con la historia de la familia, algo que tiene momentos divertidos, sorprendentes, emotivos pero también duros.

 

Otro de los asuntos que me interesan de la genealogía es cómo trabajamos sin darnos cuenta los duelos por nuestros familiares cercanos. El árbol nos hace hablar continuamente de vida y de muerte, buscamos fechas de nacimiento y de defunción que indiquen el principio y el fin de una existencia. En realidad, no somos conscientes pero así nos permitimos a nosotros mismos y a los que están a nuestro alrededor recordar y expresar nuestras emociones y sentimientos reprimidos cuando hablamos de personas queridas a las que echamos de menos, incluso acabamos elaborando duelos por aquellos que no hemos conocido,sobre todo muchos bebés y niños pequeños, de los que apenas se habla ya a pesar de que todavía están en el corazón de nuestros allegados. Que estas personas aparezcan en el árbol es una forma de reconocimiento a sus vidas cortas.

 

Si puedo contagiar un poco de mi entusiasmo por la genealogía a los demás estoy contenta y satisfecha. En mi blog podéis encontrar muchos artículos, algunos prácticos y otros que os harán reflexionar, también tengo presencia en FacebookTwitter y otras redes sociales.

 

No me gusta crear dogmas, ni decirle a la gente que hacer el árbol le va a salvar la vida o le va a curar una enfermedad. Estoy convencida que se producen cambios al hacer este trabajo si se plantea como una oportunidad de crecimiento personal, por eso no soy de la opinión que se deba encargar a otra persona hacer un árbol completo pero sí solicitar ayuda para investigaciones puntuales, para eso estoy, para orientar en talleres, charlas y trabajar codo con codo si la gente me pide un asesoramiento personalizado. En fin, os animo a todos a hacer crecer vuestros árboles seguro que os será útil de alguna u otra manera.

Mireia Nieto

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