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Es Navidad… y en casa no estamos todos

  • jueves 13 de agosto de 2015

Una de las épocas más difíciles para la persona en duelo es su primera Navidad. La vida continua y con ella la decoración de las fiestas, los encuentros familiares y las canciones y otras tradiciones de estas fechas. Es el momento en el que acostumbramos a estar rodeados de las personas que más queremos, las más importantes de nuestra vida y es dolorosamente evidente que hay una persona que falta.

 

El espíritu de la Navidad se supone que es paz, alegría, amor… Pero para la persona que está en duelo -sea por la pérdida de un hijo, la pareja, un hermano, padre o madre…- la paz se transforma en pena, el amor en añoranza y la alegría en rabia. Si estás en duelo, posiblemente te estés preguntando: “¿Que me está pasando?, ¿cómo podré sobrevivir?” “Es más, ¿quiero sobrevivir?, ¿es normal esto que me pasa?” o “¿Cómo puedo vivir esta Navidad si estoy desesperado?”, “¿no sería mejor ignorar el calendario y hacer ver que estamos en un día de cada día?”.

 

Todas estas preguntas son normales y no existe una respuesta exacta: para cada persona la experiencia es diferente. Como viviréis las fiestas dependerá de muchos factores y uno de los más importantes es el estilo de afrontamiento de vuestra familia.

 

Si vives en una familia con un estilo de comunicación abierto, expresivo y afectuoso, afrontaréis la ausencia de la persona querida de este mismo modo. Si vives en una familia donde no se manifiestan los sentimientos de forma abierta, y donde la expresión del dolor se vive con tensión, la familia responderá con este mismo estilo durante estas fiestas, y dado que el duelo nos lleva a emociones extremadamente intensas, las reacciones serán seguramente más exageradas todavía.

 

La familia en la que no se manifiestan los sentimientos, decimos que es una familia en la que hay mucha negación. Esto quiere decir que cada miembro de la familia puede estar pensando en su interior: “Sé que sabes que estoy mal, y yo también sé que tú estás mal, pero los dos hacemos ver que aquí no pasa nada”. Esta negación es importante para ellos porque es una defensa ante el dolor. No están acostumbrados a expresar emociones dolorosas y por lo tanto las evitan negando su existencia. En esta tipo de familia, a menudo se oyen expresiones como “debemos ser fuertes”, “no hables de él/ella, que te torturas”, “¿para qué lloras? no volverá”, “sé valiente, hazlo por los demás”.

 

Las consecuencias de este estilo de afrontamiento son que, a pesar de la apariencia exterior de que estamos con una familia que lo lleva muy bien, la realidad es que todos los miembros de la familia están solos en su dolor. Además, el dolor emocional del duelo, cuando se intenta evitar negándolo, encuentra otras maneras de emerger mucho más destructivas. Por ejemplo, una persona de la familia empieza a criticar o quejarse física o emocionalmente de los demás… Otros, sin ni saber ni cómo ha comenzado, se encontrarán discutiendo enérgicamente sobre cosas sin importancia. También es frecuente que algún miembro abuse del alcohol intentando ahogar sus sentimientos durante la sobremesa con la consecuente bajada de desánimo posterior. ¿Cómo puede acabar el día?… con mucho dolor, personas heridas, tensiones, y quizás con la decisión de no volver nunca más a asistir a una fiesta familiar.

 

En otras familias, en lo que llamaríamos una familia sana, sus miembros se sientan a la mesa con buenas caras y otros no tanto, pero han escogido estar juntos paracompartir lo que cada uno siente, sea el que sea. En lugar de hacer ver que nada ha cambiado, en esta familia, en un momento u otro del encuentro familiar, se habla y se reconoce la ausencia del que no está. Quizás se habla de alguna cosa que la persona recordada dijo o hizo en años anteriores, algunos miembros de la familia lloran mientras otros quizás ríen, algunos quizás enmudezcan, pero en cualquier caso, todas las expresiones son aceptadas por todos. No hay críticas, ni se intenta callar a la persona que quiere expresar su pena. Es una familia donde las personas se dan tiempo para recordar, y tiempo para distraerse… y sobre todo el permiso de sentir lo que sea: pena, enfado, rabia o desesperanza.

 

Seguramente tu familia se encuentre en medio: hay un poco de todo. Lo que os recomendamos es que habléis. Que cada miembro pueda expresar cómo quiere que sea su Navidad y qué necesidades tiene cada uno. Tan solo el hecho de hablarlo ya será un gran paso y os ayudará a vivir mejor estas fiestas. Otras cosas que te ayudarán son:

 

- Planificar bien qué harás cada día.

 

- Darte tiempo para estar solo y recordar, y también tiempo para distraerte.

 

- Obligarte a hacer una actividad física cada día: una caminata con un amigo por el campo o por un parque te hará bien.

 

- Ocuparte de los que quedan, ellos también te necesitan.

 

- Hacer alguna cosa bonita o creativa para ti mismo…

 

En definitiva, piensa cómo le gustaría a él/ella que lo hicieras… y ¡hazlo en su honor!

 

Si hay niños en casa, es importante no disimular como si todo siguiera igual y nada hubiera ocurrido. Sus sentimientos aflorarán y es importante que tengan un reconocimiento por parte de los adultos. Podrías decir, algo parecido a esto, según cada caso: “Sé que echas de menos a tu papá y eso te hace sentir muy triste. Yo también lo echo de menos”. Da mucho amor y contacto físico: necesitan sentirse reafirmados y seguros. Es posible que actúen de forma que consideremos inapropiada o extraña. Ellos encuentran particulares maneras de expresar su dolor y enfado: es necesario darles permiso para que se expresen a su manera. Juega con ellos. El juego es el modo como ellos expresan y elaboran sus sentimientos.

 

Aún siguiendo todas estas recomendaciones, es posible que todavía muy a menudo se te pierda la mirada fija en la silla vacía, y que haya más lágrimas que sonrisas, pero a pesar de ser una experiencia dolorosa, habrás empezado a construir una nueva Navidad, diferente de las anteriores, pero no por ello menos significativas.

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