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La misión informativa de las funerarias

El sector funerario ha hecho un gran esfuerzo estos últimos años por crear tanatorios y velatorios más acogedores, más cómodos y sensibles al momento tan delicado y doloroso que atraviesan quienes en él se encuentran. Pese a ello, por lo general, la mayoría de las personas tan solo pisa una funeraria para lo estrictamente necesario: para despedirse de un ser querido y si acaso, para preparar las exequias de alguien especialmente próximo, situación que casi siempre se vive con estrés y muchísima pena. En parte esto se debe, como bien sabemos, a que la muerte es un tema desterrado de los pensamientos en la cultura occidental. El ciudadano medio no quiere ni hablar, ni escuchar ni imaginar cómo será el final del ciclo de su vida. Pero cuando por diversas razones por fin toma conciencia, le pilla totalmente desprevenido, a contrapié y sin tiempo de reacción, si no es que media una larga enfermedad en este proceso. Las empresas que nos dedicamos a acompañar y a atender a las familias ante el fallecimiento,  nadie mejor que nosotros, sabemos la gran cantidad de aspectos que las personas deberían plantearse y los temas importantes sobre los que deberían reflexionar en relación a la propia muerte o la de algún ser querido de cuya despedida deban ocuparse. Sin embargo, ¿cuántas empresas funerarias atienden de antemano a las familias para ayudarles a gestionar con antelación su propio funeral o para resolver dudas e inquietudes acerca de algunos temas que se relacionan con la muerte? En general muy pocas. Pero si no se hace desde el ámbito funerario ¿desde dónde entonces?, ¿no podría convertirse la funeraria en un agente social psicoeducativo que genere en la sociedad una reflexión serena y realista acerca de la muerte? Con información, afrontar la muerte es menos traumático Existen preguntas ineludibles que todo el mundo debería formularse más temprano que tarde: "Si me queda poco tiempo de vida...  ¿cómo me gustaría que me cuidaran y quién querría que lo hiciera?", "¿Cómo me gustaría que fuera mi despedida, mi funeral?", "¿Prefiero que me entierren o ser incinerado?", "¿Qué quiero que hagan con mi cuerpo, donaré mis órganos?", "¿Qué va a pasar con mi patrimonio?" "¿A quién voy a dejar de herencia mis pertenencias, voy a dedicar una parte para un legado solidario?", "¿Qué pasará con mi identidad virtual cuando yo ya no esté, quiero que cierren mis cuentas o quiero dejar mi patrimonio digital en manos de alguien de confianza?" No pensar en todo esto es obligar a nuestros seres queridos a hacerlo por nosotros cuando ya se nos apague la voz. Si todo esto está hablado y aclarado previamente, nuestra familia quedará mucho más tranquila y segura de que está cumpliendo con nuestra última voluntad. En Estados Unidos, muchas funerarias ofrecen el servicio de pre-planificación del funeral, lo que obliga a la persona a plantearse muchos de los interrogantes que he mencionado más arriba. Aquí en España alguna de las empresas más innovadoras del sector también ha dado un paso más en un intento de acercarse a las familias, abriendo oficinas en muchos de los barrios de la ciudad y ofreciendo información útil para antes y después del fallecimiento. La misión informativa de las funerarias puede ir más allá, en colaboración con otras entidades y asociaciones del entorno de la comunidad, con cursos y talleres sobre duelo, envejecimiento activo o paseos culturales por los cementerios históricos. Se trata de una inversión en Responsabilidad Social Corporativa cuyo retorno se traducirá en múltiples indicadores: una mejora del posicionamiento de la empresa, de su imagen y de su influencia en el entorno. Una mayor fidelización de las familias y un coste de captación de cliente inferior a la media. Pero sobre todo, y más importante, este tipo de actividades permitirá a la funeraria acercarse a las personas, escucharlas y comprender sus necesidades en torno a los procesos de duelo y pérdida, lo que a su vez nos ayudará a ofrecer mejores servicios. Aunque he empezado este artículo afirmando que en general nadie quiere pensar en la muerte confieso que los datos me demuestran lo contrario y hemos podido comprobar a través de nuestras redes sociales y blog la gran necesidad que existe de hablar de la finitud, de la despedida, del fallecimiento. Porque en definitiva la vida es más vida si entendemos que la muerte es parte de ella. La sociedad está dispuesta a abrirse a un tema que hasta ahora ha sido tabú. Tal vez solo necesite el cálido empujoncito de una funeraria valiente.  
Begoña Giménez
Responsable de marketing
 
 

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